sábado, 26 de febrero de 2011

Y los OVNIs llegaron a Argentina

Ronald Richter durante su nombramientocomo
 Dr. Honoris Causa por la Universidad Nacional de Buenos Aires
Una tras otra las oleadas no han parado de producirse. Pocas naciones se han librado de ellas. Los convenios y acuerdos con las grandes potencias pueden justificar la aparición masiva de OVNIS en un lugar y un tiempo concreto, pero también circunstancias históricas peculiares han escrito páginas brillantes en el campo aeronáutico, y producido aglomeraciones de aeronaves extrañas en el cielo. Argentina en los años cincuenta es una de las mejores muestras.
Una riada de alemanes cayó después de la guerra en Argentina. Los personajes más dispares encontraron asilo en este país, especialmente los asociados al mundo de la aviación. Algunos eran leyendas vivas como los ases Adolf Galland, Hans Ulrich Rudel y Erich Hartmann. Otros no eran tan populares, sin embargo, sus apellidos eran de reconocido prestigio en diferentes campos del mundo aeronáutico. Pronto comenzaron a trabajar para crear una nueva arma aérea, uniendo sus esfuerzos a los italianos y polacos contratados con anterioridad.
En 1946 Kurt Tank, durante la guerra director de Focke-Wulf Flugzeugbau en Bremen, y Ronald Richter tuvieron la ocasión de conocerse en Inglaterra mientras se efectuaban masivos interrogatorios a los científicos e ingenieros del Eje. Un año más tarde Tank llegó a Argentina e inmediatamente recomendó a Perón que contratara al físico nuclear. ¿Aviación y física nuclear? Parece una extraña boda.
Richter protagonizó un controvertido episodio cuando consiguió que la física de fusión argentina fuera la más avanzada de su época. Desde 1935, gracias a Hans Bethe, se sabía que el brillo de una estrella se debe a un fenómeno termonuclear, y pronto se soñó con producirlo de forma controlada. La fusión de los pequeños átomos de hidrógeno forma otros más grandes de helio. La energía liberada en el proceso daría una fuente inagotable y barata (el hidrógeno se puede extraer del agua). Y eso fue lo que Richter y su grupo propusieron a Perón.
Alemania disponía de un precedente. Durante 1923, los químicos Fritz Paneth y Kurt Peters habían trabajado en la fusión fría. En vista de todo lo logrado por los ingenieros del Eje hasta ese momento, y siendo la fusión teóricamente posible, la entonces próspera Argentina financió este ambicioso proyecto cuyo valor hoy rondaría los 160 millones de euros; una cifra descomunal para la época. En una isla cerca de Bariloche llamada Huemul se construyeron las costosas instalaciones.
Sólo cinco años después del encuentro entre Kurt Tank y Ronald Richter, en 1951, Perón anunciaba al mundo haber conseguido reacciones termonucleares controladas a escala técnica. Este corto periodo de tiempo, a todas luces insuficiente para realizar una investigación partiendo de una teoría oficialmente sin demostrar, puede indicarnos que Richter en realidad se limitó a reconstruir el trabajo realizado una década antes en Europa.
Ala volante creada por Reimar Horten en Argentina
La presión de Estados Unidos no tardó en hacerse sentir y la comunidad internacional se lanzó a demostrar la falsedad de aquellos resultados. Richter defendió su trabajo con energía, y se negó a describir tanto la parte teórica como técnica del proyecto, argumentando que la comisión investigadora sólo pretendía arrancarle los secretos de su trabajo, lo que le costo el arresto domiciliario y posteriormente un año de cárcel. A partir de aquí comenzaron toda clase de enigmáticos rumores sobre Huemul y otras investigaciones que presuntamente allí se llevaron a cabo.
Ronald Richter nació en 1909 en Falkenau (Austria) Desde joven se interesó por la propulsión con cohetes. Trabajó en la Institución para la Física Experimental en la Universidad de Praga, en la misma ciudad y en el mismo período en que se desarrollaban los revolucionarios platillos Flügelrad, y las investigaciones con motores de reacción nuclear eran financiadas por el propio gobierno alemán.
Al Instituto de Investigación del Correo Alemán del Reich se le había encargado en 1942 la investigación de nuevos combustibles aeronáuticos y el uso de energía nuclear en el mismo campo. La palabra "correo" no debe engañarnos por su significado en español. Se trataba de un instituto de tecnologías avanzadas. ¿Cómo es posible que en 1942 los alemanes hablaran del uso práctico de la física atómica? Sin reactores es imposible semejante investigación y los historiadores oficiales afirman que jamás habían conseguido un reactor efectivo. Por ocultar los avances atómicos del Eje se han hecho las afirmaciones más absurdas.
La primera propuesta que Richter realizó a Perón fue la de diseñar un motor para sus aeronaves basado en la energía nuclear, y de nuevo, como era de esperar, la versión oficial dice que el presidente argentino no la admitió. Lo cierto es que esta idea es la que agradó tanto a Tank; un hombre al que no se le puede tachar de soñador. Richter comenzó a trabajar en ella en un hangar cercano al de su amigo. Sólo cuando sus investigaciones avanzaron solicitó un centro y un altísimo presupuesto para seguir con su labor.

Como es habitual donde se ensayaban nuevas tecnologías aeronáuticas se producía una oleada OVNI.
En este caso le tocó a Argentina
Richter desapareció de la historia. Sin embargo, se puede seguir el rastro dejado por algunos de los técnicos que trabajaron con él. Tras toda la confusión organizada sobre las investigaciones de Huemul, su ayudante Seelmann-Eggebert terminó en los Estados Unidos contratado por la General Electric Co., la principal empresa que en 1956 trabajó en el primer turborreactor atómico de ciclo directo.
En Argentina, Richter siguió también otra de las líneas de investigación emprendidas durante la guerra: la creación de un motor atómico para el arma submarina. Tras la precipitada declaración de Perón en 1951 todo se paralizó. La ciencia argentina cerró esta parte de su historia. La dictadura de Perón se desmoronó tres años después y el nuevo gobierno comenzó a acosar a los alemanes bajo sospecha de haber sido nazis, así que la mayor parte fueron contratados por los Estados Unidos. La potencia que prometía ser Argentina había terminado. El Pulqui se abandonó y se compró el Sabre, el ala volante de carga Horten IA-38 se desmontó y se compraron Douglas DC-3. Del tema de la fusión semifría ni se habló. Estados Unidos asentó sus bases militares, dio préstamos fáciles al gobierno... y comenzaron a verse OVNIS todavía en mayor cantidad.
Por Huemul corre todavía el viento del silencio. Uno puede hacer de turista y visitar aquellas instalaciones que en su día recogieron a los científicos del Eje con sus misteriosos trabajos, pero no podemos dar ni una ojeada a los papeles clasificados de Richter o de sus colaboradores Beck, Haffke, Ehrenberg, Seelmann-Eggebert, Greinel, Abele y Pinardi. ¿Qué trabajos paralelos se realizaron allí? ¿Por qué en esos años Bariloche y Córdoba, dos zonas dedicadas a la experimentación aeronáutica, sufrieron numerosas "visitas" de OVNIS incluidos los clásicos platillos volantes? ¿Por qué aumentaron con la llegada de las bases estadounidense?
Hoy sólo cabe especular sobre los trabajos en física nuclear del grupo Richter. Durante la guerra los platillos alemanes iban a poseer propiedades asombrosas y se hablaba del uso de nuevas energías. Tampoco debemos dejar de contemplar otra posibilidad: No existe generador con más vida y potencia que pueda crear la gran cantidad de energía necesaria para producir el efecto antigravedad Biefield-Brown.
Las perspectivas que abría la entonces nueva energía nuclear parecían ilimitadas. Antes de que fueran consideradas secretas las investigaciones atómicas alemanas, se podían encontrar noticias, sobre el sorprendente uso que los germanos habían hecho de los motores atómicos, incluso en las revistas militares y los boletines internos del ejército. En el Eighth Army News, del 28 de agosto de 1945, se puede leer el siguiente titular en la página tres: “Los nazis tenían un avión atómico de 10.000 millas por hora en teoría”.
El caso de Argentina resulta el más espectacular entre las viejas epopeyas aeronáuticas debido a la cuestión atómica, pero muchos países han vivido historias que de un modo u otro están relacionadas con los OVNIS. Perú, Chile o México entre diferentes naciones del área de influencia estadounidense; Rumania, Checoslovaquia, Cuba entre la soviética o la independiente China y sus Lai-Li-pu-ming fei hiung-Wut'i (OVNI en chino) Ni escribiendo varios libros se podrían explicar todas. En los años noventa Puerto Rico sufrió una oleada al lado de una inviolable base militar de Estados Unidos, y los "alienígenas" rompieron la noche gallega en España, mientras la OTAN realizaba sus maniobras y se ensayaba el nuevo caza europeo. Las cosas no han cambiado mucho.

Las viejas historias siempre se repiten. Por ejemplo, en los años 90, el A-12 nunca llegó a ser terminado oficialmente, sin embargo la cámara de un aficionado captó un OVNI de características similares.
Tal vez debamos esperar otros 50 años para explicar las oleadas modernas. Por lo menos ahora disponemos de la experiencia necesaria y podemos comprender estas oleadas simplemente por comparación. Durante ellas los testigos han descrito perfectamente la tecnología humana, aunque en más de una ocasión se han visto confundidos por una asociación de ideas con la moda de los platillos volantes alienígenas.
La gente también veía volar discos, aparentemente antigravedad, que causaban interferencias electromagnéticas mientras brillaban en la oscuridad. Como es habitual en la historia de la ufología, los humanos trabajábamos en ellos cuando los extraterrestres los eligieron para visitarnos. Aunque esta parte de la historia es quizá la que más incomoda a los expertos militares.

domingo, 20 de febrero de 2011

Los OVNIs que invadieron Francia

Dibujo del OVNI de Roswell
según Kaufman comparado
con un prototipo de Lippisch
El siguiente en sufrir una gran oleada fue precisamente Estados Unidos en 1947; y de nuevo, incluso en los supuestos OVNIS estrellados, se describió la tecnología desarrollada en Europa durante la guerra. El cielo de Norteamérica se transformó en un laboratorio gigantesco en el que se luchaba por ganar la carrera a la Unión Soviética costara lo que costara.
Un testimonio llamativo de esa época es el de Frank Kaufmann, un oficial militar asignado a Roswell durante 1947, que aseguró haberse acercado hasta el famoso OVNI accidentado. Si algo destaca en sus declaraciones, es no hablar de un platillo volante. Según sus propias palabras: “No era un avión, no era un proyectil balístico... era una nave”. Tampoco usó la palabra “extraterrestres” al referirse a los cadáveres: “Uno de los cuerpos había sido arrojado...”
¿Qué vio entonces Kaufmann? La nave dibujada en su informe es un ala volante similar a las alemanas; por ejemplo al P-11 de Lippisch, pero estas aeronaves, según siempre las fuentes oficiales, no pasaron de las mesas de diseño. Otro de sus bosquejos muestra la parte dañada del fuselaje, en donde, bajo el metal, descubrió un extraño componente en forma de panal de abejas. En 1947, que sepamos, sólo existía un elemento semejante empleado en aeronáutica. Se trataba del entonces supersecreto material antirradar Wesch capturado en Alemania, cuya forma precisamente era la de panal de abejas.
Los alemanes trabajaron durante la guerra en alas volantes invisibles al radar y, exactamente, donde estaban los técnicos germanos, en Nuevo México, cayó del cielo un OVNI de las mismas características y usando materiales similares. De nuevo los extraterrestres copiaban a los humanos la tecnología de última generación.
Si alguna oleada llegó a convencer a los ufólogos de que los OVNIS eran una cuestión internacional, esa fue la oleada francesa de los años cincuenta. Los extraterrestres visitaban a todos los países por igual.
La prepotente y descuidada Francia les duró a los alemanes unas pocas semanas; sólo cinco. El ejército galo fue vencido con extremada facilidad y eso no fue olvidado en la posguerra.

Allí donde trabajaban los científicos alemanes siempre hacían su aparición los extraterrestres. Francia no fue una excepción. En 1958 el Laboratoire de Recherches Balistiques et Aérodynamiques formalizó los contratos a  los sabios germanos, que se fotografiaron juntos para celebran el evento.  Otro buen ejemplo es el de Heinz Bringer, un antiguo técnico de Peneemünde que creó, para el mismo laboratorio, el motor Viking destinado al cohete Arian, siendo por lo tanto el padre de la astronáutica europea.
Un grupo de ingenieros alemanes fue contratado apenas pasaron la "depuración" de los aliados. Entre ellos se encontraban figuras impresionantes de la ciencia aeronáutica y espacial, como Henrich Focke, Helmut von Zborowski y Euguen Sänger. Se retomaron los trabajos antigravedad, comenzados a principios del siglo XX, y se llamó al estadounidense Townsend Brown para comprobar sus revolucionarias teorías y sus discos electromagnéticos que anulaban la gravedad.
No tenían los medios de Estados Unidos o la Unión Soviética, pero Francia sería una minipotencia. Y en esos años, siempre según los ufólogos, llegaron los alienígenas al país galo, usando el mismo tipo de aparatos que allí se estaban experimentando.
El Leduc-010, el Coleóptero C-450 de SNECMA, el ATAR, y otros aparatos de despegue vertical, fueron acompañado de la experimentación con mísiles. Así que los "cigarros puros" fueron vistos ahora en Francia.

Diferentes aparatos probados en Francia
¿Cómo no iban a ver OVNIS los franceses?
Como cualquier país que se está rearmando Francia probó mísiles, lanzacohetes, sistemas antiaéreos, cañones de nuevas prestaciones, métodos de detección y todo lo que el dinero y la tecnología del momento permitían. Así que varios OVNIS fueron vistos cerca de bases militares, y de nuevo se pensó en todo menos en investigaciones humanas. Valga a modo de ejemplo el gran "cigarro" observado por Bernard Miserey, la noche del 22 de agosto de 1954, sobre el centro de investigaciones balísticas y aerodinámicas de Vernon. ¿Un "cigarro extraterrestre” encima del lugar donde se investigan los mísiles?
Todas las oleadas tienen una gran cantidad de casos falsos. La gente se apunta a lo que sea con tal de salir en los periódicos. De todos modos incidentes como el del platillo que se balanceaba flotando en un prado de Poncey-sur-l'Ignon, visto por el alcalde e investigado por la policía, hacen pensar en pruebas francesas del efecto Coanda. La huella dejada por el aparato había separado de manera brusca la tierra dejando al descubierto las raíces de las plantas sin romperlas. Tal y como era de esperar no encontraron señales del tren de aterrizaje, ni restos de combustible, ni radiación y menos todavía quemaduras producidas por motores.
La policía, curiosamente, acertó al pensar que sólo un potente chorro de aire podía haber "limpiado" la zona de tierra dejando las raíces al descubierto y lo compararon con un poderoso aspirador. Semejante explicación no gustó a los ufólogos y empezaron a hablar de una complicada teoría basada en la antigravedad. El caso llegó al ejército del aire que lo archivó con toda la rapidez del mundo.
De igual forma los relatos de la época hacen pensar en ensayos con discos basados en algo similar al efecto antigravedad descrito por Townsend Brown (lo examinaremos más adelante) Evidentemente alguien en Francia se tomó muy en serio sus ideas. Si hacemos caso a los testigos, coincidiendo con las maniobras de los nuevos aparatos, ese alguien estaba probando la discutida antigravedad sobre suelo francés.

sábado, 12 de febrero de 2011

La primera oleada OVNI de la historia

OVNI sobre Suecia en 1946
Los extraterrestres llegaban en
naves con forma de misiles
En la misma Noruega los alemanes construyeron un aeródromo gigantesco para albergar 40 nuevos bombarderos intercontinentales fabricados por Heinkel, listos para recibir la orden, en cualquier instante, de atacar América. Todavía son desconocidas las características de estos aparatos, por lo que podría ser que tras esta ocultación se escondan las alas volantes Ho-XVIII diseñadas por Horten. Entre tanto, la empresa Junkers creaba, también en suelo noruego, el bombardero a reacción Ju-287 con alas invertidas.
Durante la guerra los suecos fueron testigos, entre otros sucesos, de los preparativos atómicos alemanes, viendo, una y otra vez, violado su espacio aéreo por extraños artefactos voladores. Repetidamente la prensa y los informes militares recogieron los casos. No obstante, la guerra terminó antes de que los alemanes cumplieran sus objetivos en el territorio noruego y los aliados corrieron las cortinas del secreto de un modo absoluto.
Cualquier investigación actual choca con un muro de silencio. Incluso los supervivientes de la resistencia noruega contestaron a nuestras cartas, negando lo publicado por la prensa de esos años o lo descrito en los propios libros de historia noruego, afirmando que jamás se había construido nada extraordinario en el Gausta, y los seguidores de la historia de la aviación noruegos no pudieron facilitarnos datos sobre el colosal aeródromo.

  Hacia el final de la guerra el He-177 Greif fue modificado para transportar una bomba atómica (He-177V38). La versión oficial dice que los alemanes nunca trabajaron seriamente en la creación del arma nuclear. La Luftwaffe no debió enterarse de esto, ya que diseñaba aviones para transportarla
A pesar de esto un gran proyecto no podía desaparecer sin dejar rastros; aunque estos fueron descubiertos por los ufólogos y tomados por alienígenas. De nuevo los extraterrestres copiaban a los humanos. Donde existió una “oleada” de artefactos voladores alemanes, se produjo la primera oleada de naves de otros mundos.
En mayo de 1946, en la vecina Suecia se comenzó a ver toda clase de aeronaves cruzar el cielo al mismo tiempo que caían extraños objetos del espacio. Los sucesos alcanzaron a Dinamarca y Finlandia, pero curiosamente Noruega se mantenía al margen de los hechos, o por lo menos no se daban a conocer.
Los OVNIS cobraron un auge espectacular en julio y agosto. El gobierno pidió ayuda a Estados Unidos e Inglaterra temiendo que se trataran de pruebas soviéticas, pero aparte de venderles el radar AMES 6 Mk-III, poco más hicieron. Los testigos se multiplicaban por todo el país y sus dibujos dejaron pocas dudas a los militares suecos: Estaban describiendo las armas de represalia alemanas.
Dibujos de los testigos
Los incorregibles extraterrestres
viajando en OVNIs con forma de misiles
en una zona de pruebas de misiles
Ahí no terminaba todo. ¿Qué estaba cayendo desde el espacio?. El profesor Bertil Lindblad del observatorio astronómico de Saltsjöbaden, dada la cantidad de meteoritos y restos hallados, pensó estar ante un acontecimiento excepcional de la naturaleza. Otros, entre los que destaca Anders Anderson, platearon la teoría de que las observaciones se debían a mísiles que superaban los 300 kms de altura volando a 7200 kms/h y aparatos más convencionales que alcanzaban o superaban los 1000 kms/h. Propuso que su origen era inglés y estadounidense. Pocos le hicieron caso.
La lejana Noruega fue un lugar único para las investigaciones alemanas. Los bombarderos aliados no podían alcanzarla con facilidad y para cuando pudieron hacerlo las defensas hubieran provocado un desastre. En ocasiones se sopesó la posibilidad de un desembarco que siempre fue rechazado por miedo a un calamitoso fracaso.
Los alemanes habían trabajado en una tecnología futurista que cayó en manos aliadas cuando las tropas situadas en Noruega se rindieron. De nuevo no existía, siempre de forma oficial, nada construido por el hombre que se asemejara a lo descrito por los habitantes de Suecia. Sin embargo, en 1946 sólo Noruega y Peenemünde poseían los equipos técnicos necesarios para realizar las pruebas aeronáuticas y espaciales. Posteriormente los ufólogos comenzaron a hablar sobre extraterrestres y más de un gobierno debió dar un buen suspiro de alivio, puesto que aquel asunto ha pasado a la historia como un tema OVNI en lugar de un tema militar.
Esta fue la primera gran oleada "extraterrestre". Sería físicamente imposible escribir sobre todas. Hasta el día de hoy se han producido muchas otras y, claro está, para poder explicar las más modernas deberán pasar bastantes años.

sábado, 5 de febrero de 2011

Preparativos para un ataque nuclear a los Estados Unidos

Monte Gausta. Sigue siendo un secreto
qué construyeron en él los alemanes
Dicen los ufólogos clásicos que la primera oleada OVNI ocurrió en el mar Báltico durante los años treinta. Extraños objetos no identificados surcaban el cielo a gran velocidad ensordeciendo con sus motores al pueblo sueco, mientras los humanos todavía usábamos las máquinas voladoras de pistón y hélice. Aunque en realidad las raras máquinas voladoras no eran extraterrestres sino alemanas, pues en aquel mar compartido por los dos países, los germanos estaban realizando sus pruebas con cohetes.
Algo similar sucedió durante 1934 en las cercanías de Viena, pero los austriacos, al contrario de los suecos, sabían perfectamente que los tremendos ruidos estaban producidos por las primeras experiencias de Eugen Sänger. El grueso volumen en donde anotaba sus trabajos termina con una frase lapidaria: “Pruebas interrumpidas a causa de las protestas de los vecinos que declaran sentirse seriamente molestados por el ruido de los motores”.
Más de una década después se repetiría la historia otra vez sobre Suecia y de nuevo serían protagonistas las aeronaves secretas, siendo de destacar aquellas que debían ser las portadoras de armas atómicas.
Al inclinarse la guerra a favor de las fuerzas aliadas los alemanes comenzaron a realizar extraños preparativos en Noruega. Pese a necesitar todo su poder militar e industrial para defender Alemania, en 1944 la zona del monte Gausta se llenó de una increíble actividad. Obreros exclusivamente alemanes transportaban ingentes cantidades de material hacia la cima. Tropas especiales vigilaban cualquier movimiento. Se instaló un dispositivo antiaéreo descomunal y la aviación escudriñaba palmo a palmo el terreno previniendo cualquier ataque tanto de día como de noche.
La resistencia poco o nada pudo hacer. Volaron el teleférico y una mujer habló con un alemán. Simplemente le dijo que estaban construyendo antenas para el control de la aviación al sur del país. La destrucción del teleférico no detuvo el trabajo y los obreros continuaron subiendo por la ladera sus pesadas cargas.
¿Qué estaban preparando en el monte Gausta? ¿Para qué eran aquellas complejas y enormes antenas? ¿Pensaban lanzar un misil A-10 y guiarlo hasta América desde Noruega? ¿Dirigirían al bombardero Sänger en su fase inicial de despegue? ¿Qué aparatos se estaban construyeron en Noruega de capacidades fantásticas?.
Firma de George C. Marshall en el artículo
publicado 40 días después por  el New York Times.
La guerra estaba perdida si el Eje terminaba el acoplamiento entre las nuevas aeronaves, los grandes cohetes y el arma atómica. El 10 de octubre de 1945, el general George C. Marshall, en ese momento jefe de la cúpula militar de Estados Unidos bajo las ordenes del presidente Truman, firmaba de su puño y letra un artículo en el New York Times (página S3, columna 7) En él reveló la necesidad aliada de acelerar el desembarco de Normandia antes de que los alemanes hicieran uso de las nuevas armas, entre ellas los explosivos atómicos: “La victoria en esta guerra global dependía de la ejecución exitosa de Overlord. Esto no debía fallar (...). Los recursos aliados fueron examinados una y otra vez, y la estrategia reconsiderada a la luz de las deficiencias. Las siguientes conclusiones parecieron indiscutibles: Francia debe ser invadida en 1944 para acortar la guerra, facilitando el avance hacia Occidente de las fuerzas soviéticas. Al mismo tiempo los avances tecnológicos alemanes, tales como en el desarrollo de explosivos atómicos, hacía imperativo que atacásemos antes de que estas terribles armas pudieran ser dirigidas contra nosotros (...) El equilibrio era extremadamente delicado, pero no teníamos más remedio que seguir adelante”.
Así mismo, el mariscal del aire Sir Arthur Harris, en el periódico Dagens Nyheter del 1 de julio de 1945, explicaba la existencia de un aparato capaz de despegar del territorio alemán, dar la vuelta al mundo y volver a Alemania.
El tiempo corría muy deprisa a favor de los alemanes que ya habían realizado, al menos, un ensayo nuclear, mientras el programa atómico americano no conseguía los resultados previstos. En la revista Defensa número agosto/septiembre de 1984 un prestigioso corresponsal de guerra italiano, Luigi Romersa, volvía a contar como fue testigo de una explosión atómica alemana. La prueba se efectuó el 12 de octubre de 1944 a las 11,45 en la isla de Rugen en el mar Báltico.
Sabemos que los aliados conocían, al menos, esta prueba gracias al interrogatorio realizado al piloto y científico alemán Zinsser por el capitán Helenes T. Freiberger del servicio secreto de Estados Unidos, el 19 de agosto de 1945. En octubre del año anterior Zinsser se encontraba realizando una misión rutinaria de reconocimiento cuando observó algunos cazas aliados P-38. Varió su rumbo aéreo esquivándolos y al rato, en dirección al mar Báltico, vio surgir el enorme hongo de una explosión. Es de suponer que los P-38 también la vieron.
Artículo original de Luigi Romersa


Este interrogatorio se encuentra recogido en el documento: Investigations, research, developments and practical use of the german atomic bomb 19-08-45. Albert F. Simpson Historical Research Center. Maxwell AFB Alabama USA (Roll no. A1007. Date filmed 14-06-73 Operator S. F. R.). Y las respuestas de Zinsser que podemos leer en este documento oficial son de una importancia radical, como prueba del ensayo nuclear alemán, al explicar con detalle algunas de las distintas fases de una explosión atómica; por ejemplo, la creación de colores característicos, el choque de luz y la interferencia en el equipo electrónico del avión. Nadie conocía en agosto de 1945 los sucesos físicos producidos por una explosión atómica, que no serían hechos públicos hasta un mes después, el 9 de septiembre de 1945, por William Leonard Laurence.
Existen, además, numerosos rumores sobre otras pruebas nucleares alemanas. El espía español Ángel Alcázar de Velasco, que trabajó para el Eje, nos confirmó en persona la existencia de ensayos nucleares alemanes, así como la existencia de varias clases de bombas atómicas germanas, ratificando las palabras del coronel Donald Putt, incluidas en el artículo de Romersa: "... y los alemanes habrían puesto en funcionamiento un arma resolutiva, acoplando la V-2 a la bomba atómica de la que poseían dos ejemplares".